
Las imágenes de esta Galería no pueden ser reproducidas sin autorización expresa del Taller San Andrés.
|
Icono no 119
Tamaño : 18 x 37 cm.
Tableta de tilo
Tempera. Aureola dorada a la hoja de oro.
En Antioquía vivía una joven virgen llamada Justina. Sus padres eran idólatras, pero tuvo la fortuna de conocer a Jesucristo, y su conversión fue seguida pronto por la de su familia. Un joven pagano llamado Agladio, sintió una pasión violenta por ella y le rogó a Cipriano que lo ayudara con su magia. Este mago lo intentó todo, pero nada le salió bien.. Consultó al diablo, quien prometió ayudarle; pero los nuevos intentos no tuvieron más éxito. la virgen rezaba, se hacía la señal de la cruz y el demonio huía confundido. Cipriano, desesperado, le dijo al demonio:
«¿Qué pasa? ¿Estás derrotado?
- Sí dijo el espíritu infernal, he visto una señal y he sido derrotado.
- ¿Cuál es esa señal? preguntó Cipriano.
- He visto la señal del Crucificado.
- ¿El Crucificado es más grande que tú? ¡Huye lejos de mí, impostor! Me has engañado durante demasiado tiempo».
El demonio intentó asfixiar a Cipriano, pero este lo ahuyentó invocando al Dios de Justina y haciendo la señal de la cruz. El joven Agladio, lleno de admiración por el relato que le hizo Cipriano, se convirtió a Jesucristo. Encarcelados por los perseguidores después de haber sido salvados, uno del aceite hirviendo y el otro de las llamas de la hoguera, fueron decapitados.

|